Muchos católicos viven hoy lo que se denomina un "espejismo espiritual". Creemos en un Dios que no existe: un "Dios mago" o fantástico que está obligado a realizar toques mágicos para resolver problemas económicos, laborales o de salud según nuestros deseos.
Cuando este dios "falla" y los problemas persisten, como la pérdida de un negocio o la muerte de un ser querido, el corazón se enfría y aparece el desencanto
Como los discípulos de Emaús, nos sentimos defraudados porque esperábamos a alguien que resolviera nuestra situación terrenal y no al Dios que se nos ha revelado realmente
La verdadera transformación comienza con la escucha activa y la reflexión de la Palabra.
Jesús no comenzó con un milagro para convencer a los discípulos de Emaús (Lucas 24:13-35. ), sino explicándoles las Escrituras para encender su fe.
No es información, es transformación: La Palabra no debe ser solo algo que oímos el domingo en Misa y olvidamos al salir; debe ser el alimento que nos haga mejores padres, hijos o amigos.
La reflexión es la clave: Sin atención ni reflexión, salimos de la Misa igual que entramos.
Es necesario "regresar sobre lo escuchado" para que la Palabra ilumine nuestro interior.
El reto para nosotros es: ¿de qué hablaremos mañana? ¿De los problemas del mundo y la política como todos los demás, o seremos testigos del Dios que tiene poder para cambiar nuestra vida?.
Que nuestro "jerovia" FE no se vuelva costumbre.
Saludos

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