Cuando nos
referimos a la familia, imaginamos a un grupo de personas felices bajo un mismo
techo, comprometidos con la educación, el cuidado de todos sus miembros, un lugar ideal para forjar los valores que posteriormente
se transmitirán a la sociedad.
La vocación del
hombre a vivir en comunidad está fundada en sus raíces más profundas, «No es
bueno que el hombre este solo», dice Dios en las primeras páginas del Libro
sagrado (Gen. 2,18).
Una familia está
compuesta por individuos que se relacionan, es un espacio vital donde se va
formando el carácter y ciertos principios para el buen desenvolvimiento de la
persona en la sociedad:
De
la familia nace el honor del nombre y el linaje del apellido, que es preciso
guardar y honrar, porque representan la unidad de lo más visceral e íntimo,
cual es participar de la estirpe, o sea, de la misma sangre. A la familia va
asociado el hogar. El llamado techo es el lugar en el que se cobija la familia.
Es importante
resaltar que los valores se viven en casa y se transmiten dando ejemplo. Para
que todo lo que decimos se concrete es fundamental la acción de los padres,
porque los hijos se vuelven exigentes y, además, si logran aprender obedeciendo
a sus padres, pueden dar verdaderas lecciones de cómo vivirlos en los más
mínimos detalles.
De allí que es
importante comprender a la familia como célula originaria de toda la sociedad,
fuente de valores humanos y cristianos, porque la familia surge de una relación
interhumana básica, que es la conyugal, y desde esa experiencia es capaz de dar
base sólida a toda la formación como fuente y raíz primera de la formación
humana y cristiana.
Importante es comprender
que el valor nace y se desarrolla cuando cada miembro de la familia asume con
responsabilidad y alegría el papel que le corresponde, procurando el bienestar
de todos, la felicidad y el desarrollo de los demás.
Aparte de
transmitir vida, la tarea de educar es otro deber esencial de los esposos. En
esta tarea, los padres deben poner particular cuidado en formar a los hijos en
los valores esenciales de la vida humana, entre los que se encuentra la libertad
ante los bienes materiales; frente a los males, se debe comportar con
austeridad y mucha sencillez.
La familia ha sido
considerada la primera célula de formación del hombre en cuanto que en ella se van
forjando las etapas de su vida. Ya hacíamos anteriormente alusión a la familia
en cuanto de ella nacen los ciudadanos y estos encuentran en ella la primera
escuela de las virtudes sociales que necesitan todos los ciudadanos para una
sana competencia laboral, social y el esfuerzo para que a todos se trate y
facilite el material humano o espiritual para sobrevivir y cumplir sus
funciones en la sociedad.
El Directorio de
la Pastoral familiar de la Iglesia en España (21- XI - 2003) describe a la
familia como fuertes trazos sociales: “La familia es la primera sociedad natural,
la célula primera y fundamental de la sociedad”.
De la Tesina "LA FAMILIA COMO ESCUELA DE VIRTUDES HUMANAS Y DE
CARIDAD CRISTIANA"
Mgtr. Carlos Peralta